Hoy se cumplen dos meses del accidente de coche que tuve con mis padres.
Fue jodidamente difícil volver a confiar en el conductor de un autobús, de un taxi o en mi propio padre, pero tuve que superar el accidente muy rápido, las circunstancias me obligaron puesto que tenía que ir al médico, a rehabilitación, al instituto los pocos días que me quedaban y cómo no, de ocio. Me costaba no contener la respiración cada vez que aparecía un coche en una curva. Aún sigo pensando que todos los coches que veo por el carril contrario, se van a estampar de frente contra el vehículo en el que voy y aún no puedo pasar por el lugar en el que ocurrió el accidente sin que se me acelere el corazón o sin ponerme nerviosa y a temblar. Me cuesta, creo que es el único trauma que me ha quedado.
Os explicaré cómo fue para que os imaginéis el miedo que le he cogido a la carretera.
Veníamos de la comunión de mi primo, eran las siete o siete y media de la tarde. En esa carretera, hay un carril de ida y otro de vuelta, nosotros íbamos en el de ida. Yo me estaba quitando los zapatos porque me molestaban y cuando levanté la cabeza vi una furgoneta gris acercarse a nosotros, saliéndose del carril contrario, pensé "Este tío viene a por nosotros" y mi madre dijo "¡Y este qué!" y entonces, escuché el golpe. Empezamos a dar vueltas, no sé si fue una o fueron dos vueltas de campana, lo único que sé es que yo no paraba de gritar con los pies colgando, mis padres gritaban también. El coche paró y mi padre salió como alma que lleva el diablo después de ver cómo nos encontrábamos nosotras, yo iba en el asiento trasero derecho, detrás de mi padre, mi madre era la que conducía y la que no paraba de gritar. Yo, aún con ese pensamiento en la cabeza bramé hijo de puta con la puerta del coche abierta y aún con el cinto puesto. Una chica, de unos 25 años, se acercó a mí con toallitas y me puso los zapatos, me dijo que me iba a ayudar. Yo tenía ganas de llorar pero no solté lágrima hasta que mi padre, 15 minutos o así después del impacto, me abrazó y empecé a llorar. Mi madre no podía salir del coche, su parte estaba peor y la puerta se había bloqueado. Después de todo el papeleo, de que fuésemos a urgencias y más mierdas, al llegar a mi casa me di cuenta de que había sobrevivido a un accidente del que podía haber salido paralítica, con algún cristal clavado gravemente en algún lugar de mi cuerpo o simplemente, no podría haber salido. También, me di cuenta de que mi madre sí me importa realmente -yo antes decía que no la quería y que no era mi madre, la trataba mal-, el accidente me ha hecho crecer como persona, en cierto modo.
Os preguntaréis por qué os estoy contando esto, pues tiene una respuesta muy sencilla. En mi entrada anterior Vida -si no la habéis leído, estáis tardando-, os explico que me di cuenta de que tengo que vivir mi día a día como si fuese el último, porque no sé cuándo será el último, gracias a este accidente.
De todo se aprende mirones y eso lo comprendí hace mucho, una persona muy especial para mí me ayudó a hacerlo. Hoy, tengo que deciros que aunque os pasen cosas buenas, tenéis que aprender de ellas, todo en esta vida esconde una lección que tenemos que aprender. La vida son lecciones.
Que paséis buena tarde, mirones,
kisses.
Me ha encantado el último párrafo, tienes mucha razón. Un abrazo :)
ResponderEliminarMe alegra saber que te gusta :)
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