domingo, 31 de enero de 2016

2016



Hace mucho tiempo que no escribo por aquí y la verdad es que me arrepiento de haberos dejado de lado. Los que me leéis sois pocos, pero para mí sois importantes, no sois simples números.

Desde mi última entrada hasta hoy, me han pasado infinidad de cosas que me han hecho reflexionar sobre mí misma y sobre la amistad.

Por desgracia o debería decir; gracias a mi antiguo yo, perdí personas que sí, fueron importantes en mi vida, pero tenían que quedarse atrás para yo seguir mi camino y ellos el suyo. Ellos se fueron poco a poco, cabando lentamente un vacío en mi interior del que no me percaté hasta que de pronto ya no tenía a nadie con quien compartir lo que me pasaba, ya que ellos era lo que me pasaba y ellos eran los únicos que podían consolarme. Entonces, como si mi vida estuviese escrita por un loco creyente del destino, me hizo encontrar a una persona que, hasta ese momento, no me había importado lo suficiente. La había infravalorado.
Poco a poco el vacío se fue llenando y me fui olvidando del sufrimiento de la soledad en la que me encontraba. Me di cuenta de que en realidad nunca estuve sola, simplemente me empeñaba en seguir adelante con una amistad que ya hacía tiempo que había acabado.

¿Que qué os quiero decir con todo esto? Pues es muy sencillo: no debéis dejar que nadie esté por encima de vosotros -y esto lo digo porque yo me creía con derecho a manejar la vida de alguien y me arrepiento muchísimo de ello-, nunca os creáis superiores a alguien, nunca intentéis controlar a alguien como si fuese una marioneta, nunca dejes en manos de alguien tu felicidad, nunca dejes que tu vida dependa de otros.

Te vales por tí mismo, vales la pena tal y como eres y deben quererte así. Si alguien quiere cambiarte, no te quiere. 

Espero no llegar demasiado tarde con los consejos para empezar un buen 2016.

¡Sonreíd el resto de lo que queda del día!

                                                                                                        kisses.

viernes, 7 de agosto de 2015

Lecciones.

Hoy se cumplen dos meses del accidente de coche que tuve con mis padres.

Fue jodidamente difícil volver a confiar en el conductor de un autobús, de un taxi o en mi propio padre, pero tuve que superar el accidente muy rápido, las circunstancias me obligaron puesto que tenía que ir al médico, a rehabilitación, al instituto los pocos días que me quedaban y cómo no, de ocio. Me costaba no contener la respiración cada vez que aparecía un coche en una curva. Aún sigo pensando que todos los coches que veo por el carril contrario, se van a estampar de frente contra el vehículo en el que voy y aún no puedo pasar por el lugar en el que ocurrió el accidente sin que se me acelere el corazón o sin ponerme nerviosa y a temblar. Me cuesta, creo que es el único trauma que me ha quedado.

Os explicaré cómo fue para que os imaginéis el miedo que le he cogido a la carretera.

Veníamos de la comunión de mi primo, eran las siete o siete y media de la tarde. En esa carretera, hay un carril de ida y otro de vuelta, nosotros íbamos en el de ida. Yo me estaba quitando los zapatos porque me molestaban y cuando levanté la cabeza vi una furgoneta gris acercarse a nosotros, saliéndose del carril contrario, pensé "Este tío viene a por nosotros" y mi madre dijo "¡Y este qué!" y entonces, escuché el golpe. Empezamos a dar vueltas, no sé si fue una o fueron dos vueltas de campana, lo único que sé es que yo no paraba de gritar con los pies colgando, mis padres gritaban también. El coche paró y mi padre salió como alma que lleva el diablo después de ver cómo nos encontrábamos nosotras, yo iba en el asiento trasero derecho, detrás de mi padre, mi madre era la que conducía y la que no paraba de gritar. Yo, aún con ese pensamiento en la cabeza bramé hijo de puta con la puerta del coche abierta y aún con el cinto puesto. Una chica, de unos 25 años, se acercó a mí con toallitas y me puso los zapatos, me dijo que me iba a ayudar. Yo tenía ganas de llorar pero no solté lágrima hasta que mi padre, 15 minutos o así después del impacto, me abrazó y empecé a llorar. Mi madre no podía salir del coche, su parte estaba peor y la puerta se había bloqueado. Después de todo el papeleo, de que fuésemos a urgencias y más mierdas, al llegar a mi casa me di cuenta de que había sobrevivido a un accidente del que podía haber salido paralítica, con algún cristal clavado gravemente en algún lugar de mi cuerpo o simplemente, no podría haber salido. También, me di cuenta de que mi madre sí me importa realmente -yo antes decía que no la quería y que no era mi madre, la trataba mal-, el accidente me ha hecho crecer como persona, en cierto modo.

Os preguntaréis por qué os estoy contando esto, pues tiene una respuesta muy sencilla. En mi entrada anterior Vida -si no la habéis leído, estáis tardando-, os explico que me di cuenta de que tengo que vivir mi día a día como si fuese el último, porque no sé cuándo será el último, gracias a este accidente.

De todo se aprende mirones y eso lo comprendí hace mucho, una persona muy especial para mí me ayudó a hacerlo. Hoy, tengo que deciros que aunque os pasen cosas buenas, tenéis que aprender de ellas, todo en esta vida esconde una lección que tenemos que aprender. La vida son lecciones.

Que paséis buena tarde, mirones,

                                                                              kisses.

viernes, 31 de julio de 2015

Vida



A quién no le gustaría tener un trabajo bien remunerado, una casa, una familia, una o varias mascotas y por qué no, un buen coche. Todo el mundo quiere eso, tener una vida de anuncio y ser feliz, pero nos equivocamos, eso no es ser feliz. Siempre he querido crecer y tener todo eso de lo que os he hablado antes porque me cansa estudiar, me aburre y soy de ese tipo de personas que prefiere ir a lo fácil, chascar los dedos y tenerlo todo hecho. La vida no es así de fácil y si lo fuera, no se llamaría vida. Tal vez, esté hecha de inseguridades y por eso quiera crecer de golpe, saltarme diez años de mi vida -que suelen decir que son los mejores- y olvidarme de todo eso para centrarme en el trabajo y en mi familia. Pero desde hace un tiempo, me he dado cuenta de que eso no es lo que realmente me haría feliz y que no es lo que realmente quiero. Es lo que me han hecho creer que quiero. Sí, me gustaría tener todo eso, pero poder saborearlo mejor al saber el esfuerzo que he tenido que hacer para conseguirlo.

Quiero vivir el día a día, disfrutar de cada momento que me brinda la vida, porque nunca sabré cuándo será la última vez que me vaya a la cama con un libro, la última vez que vea a mis familiares, a mis amigos, a esa persona especial que me hace volar por encima de las nubes con tan solo una mirada.

Así que hacedme caso cuando os digo que no hay mejor manera de vivir la vida, que saboreando el nuevo día que comienzas como si fuera el último que terminas,
                                                                                                       kisses.

jueves, 30 de julio de 2015

Un buen día, un buen comienzo.

Un día me levanté pensando en crear un blog donde escribir sobre diferentes temas, ya sea porque se me pase por la cabeza en un momento dado y me apetezca escribir o porque me haya pasado algo y a través de ello saque inspiración para contaroslo. 

Hoy, como es mi primera entrada, simplemente quería deciros que sois bienvenidos aquí y en cualquier parte, seáis como seáis, tengáis la edad que tengáis, no os voy a juzgar puesto que no os veo, solo me leéis y me gustaría que os gustase lo que leéis tanto como a mí. 


Tened un buen y feliz día,

                                                                                   kisses.

                                                                                                                  .